¡BIENVENIDOS!

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Te queremos contar que a partir de ahora contamos con este espacio para comunicarnos y aprender juntos. Es para vos, usálo.

martes, 18 de agosto de 2009

Adivina, adivinador...

¿Te animás a contestarnos qué son? Si querés, podés además hacer un comentario. Si querés saber la respuesta, pasá por la biblioteca.


Todo el mundo lo lleva,
todo el mundo lo tiene,
porque a todos les dan uno
en cuanto al mundo vienen.


Somos muchos hermanitos,
en una sola casa vivimos,
si nos rascan la cabeza
al instante morimos.

Autobiografía completa

Nací en una noche de aludes y tormenta de nieve. Más de medio metro de nieve cayó mientras mi madre me daba a luz en Pieve di Cadore. Paisaje de cuentos de hadas, era el país de las Dolomitas. Un paisaje para gigantes de la montaña y mi padre era un guía de montaña. Recuerdo los pinos nevados, los muñecos de nieve y los coros de montaña.
No tenía aún seis años cuando viajamos en un coche de a caballos, descubierto, a la ciudad de mi abuela: Sacile una ciudad rodeada por colinas verdes y ceñida por un río verde.
Mi madre con mis hermanos mayores viajaban a América la que surgión ante mí como un enigma indescifrable.
Abuela era un personaje prodigioso. Con ella uno vivía en permanente júbilo y descubrimiento. Además era un vivir en medio de gente, de actividades, de invenciones.
El colegio fue un enganche maravilloso, fue el deslumbramiento de la palabra escrita, de la poesía, de la magia de los números y de lo exacto. La matemática llegaba como el agua cuando se padece sed.
La gente me preguntaba: ¿qué vas a hacer cuando seas grande? ¿Modista, hilandera, profesora de matemática o te irás por el mundo como tu madre? Nada de esoLlegaron unos tíos jóvenes que venían a recuperar los bienes perdidos por mi abuela. De pronto me sacaron de la casa de ella y me prohibieron inscribirme en el secundario.